Introducción de la vida y la obra
Ángel Martínez García, nace en la calle Cruces, de El Puerto de Santa María, el 23 de mayo de 1882. Su padre José, ebanista de gran reconocimiento, le transmite a su hijo su profesión, ejerciendo de maestro ebanista, en el colegio San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María, donde según algunos jesuitas hizo varios arreglos y restauraciones. De este oficio le viene su gran maestría a la hora de utilizar los accesorios de madera que emplea en sus trabajos y herramientas.
Empezó a modelar unas figurillas que al principio no eran nada navideñas, más bien fueron curas en distintas actitudes litúrgicas, así como señoras con paraguas, reclinatorios y hasta procesiones completas de Semana Santa. Todo esto le haría obtener algunos ahorros para poderse casar, un 22 de agosto de 1909 con Milagros Gallardo Gallardo, la que fuera su compañera hasta que falleciera.
Acercándose unas Navidades decide modelar algunas figuritas sueltas de pastores, siendo tan grande la aceptación, que dio origen a la creación de un estilo propio de figuras.
Sus primeros compradores fueron los propios alumnos del Colegio San Luis Gonzaga, en el que se educaban los hijos de numerosas familias andaluzas y extremeñas, por lo que su obra se extendió rápidamente por toda Andalucía y Extremadura.
Con posterioridad instaló su taller en el número 15 de la calle Postigo, que ya continuaría hasta que falleciera un 8 de Marzo de 1946.
Al tener solo un hijo que falleció a muy temprana edad, no dejó descendencia directa, pero sí sucesión de su obra, llevando el peso del taller la sobrina de su mujer: Carmen Gutiérrez Gallardo, que no cesaría en su empeño hasta 1966 que tuvo que retirarse, víctima de una enfermedad ocular. Desde 2000 continúa la producción con la puesta en marcha de Sucesores de Ángel Martínez.
Las piezas de Ángel Martínez son de una ingenuidad y de un estilo muy personal, aplicable solo a grandes maestros; destacando como un extraordinario escultor de animales.
Con relación a las figuras de belén, la mayoría de su producción es costumbrista o popular, aunque respetó la imagen clásica en aquellas piezas relacionadas con los “misterios”; como las natividades, los Reyes Magos, rey Herodes, soldados, los ángeles y todo aquello que tenga origen divino.
Pero no solo se le debe destacar como figurista imágenes para el belén, porque fueron muchos los encargos que realizó, destacando los carros de bueyes y mulos cargados con botas, o calesas montadas por personajes ataviados con ropas de la época.
También cultivó el retrato, que si bien hizo algunos por encargos, como al niño Carlos del Cuvillo, también realizó a personajes populares de la época, como “La farfolla”; conocida lotera del primer tercio del siglo XX, o mujeres ataviadas con el traje típico o incluso el propio retrato suyo, que él mismo fotografiara en su casa de la calle Postigo en 1929.
La obra de Ángel Martínez es fácilmente distinguible. En cuanto al material que usaba era un barro gris traído de Granada, que tenía gran cantidad de impurezas, que una vez puesto en remojo, se decantaba y filtraba, para luego amasar.
Los pigmentos utilizados eran los tradicionales que se obtenían de mezclar los pigmentos y tierras de colores con un disolvente, como clara de huevo, agua,… En cuestión de la cocción, no se llegaban a los grados que hoy en día llegan los hornos eléctricos, ya que el combustible utilizado eran chascas o chamizos de pino secas. El problema surgía al no poderse controlar la temperatura interior del horno, por lo que algunas piezas no alcanzaban y otras superaban el punto de cocción idóneo.
Todas estas circunstancias hacen que las piezas de este artesano sean únicas en su género.
El contexto histórico
Corrían los últimos años del siglo XIX, época de cambios sociales, donde se alternaban intervalos conservadores y liberales, lo que hacían turnar tiempo decadentes, con etapas de lucidez española.
Se establecen procesos consecutivos de guerras carlistas en el interior del país, además de las guerras coloniales: Cuba, Filipinas y Marruecos; lo que hacían mermar la población y que existieran hambrunas y enormes diferencias entre la clase alta y la baja.
En 1886 nació Alfonso XIII, hijo póstumo de Alfonso XII, reinando en regencia su madre hasta que alcanzara la mayoría de edad. Su reinado es dividido en varias etapas donde se pone de manifiesto la clara prolongación de la forma de gobernar con respecto a su padre, basada en la Constitución de 1876.
Hubo de afrontar problemas derivados de la etapa anterior más los que le surgieron en la suya, tales como el problema social, el radicalismo de las organizaciones obreras, las guerras de Marruecos, la quiebra de los partidos políticos, el resurgimiento de los nacionalismos catalán y vasco.
Todo ello dio paso a la crisis de 1917, que se vio intentada solucionar por el golpe militar de Miguel Primo de Rivera en 1923. El Rey aceptó el hecho. Este periodo se caracteriza en sus comienzos por el desarrollo de la labor de orden social y de incremento de las obras públicas. En 1930 fracasó este régimen, y dio paso a las elecciones municipales de 1931, dando paso a la II República el 14 de Abril de este mismo año. El Rey Alfonso XIII se vio obligado a abandonar el país.
En 1936, tras unas elecciones, donde se pone de manifiesto el declive de la república, se iniciaría la Guerra Civil Española, que tanto marcará la historia de este país en el siglo XX.
Finalizada la guerra en 1939, se dio paso a una etapa más duradera que la guerra; la postguerra, donde la falta de alimentos y productos básicos era notable. Esta etapa se alargó hasta mediados de los cincuenta, manteniéndose la familia con una economía sumergida, el intercambio de productos, el estraperlo y el contrabando de materias de “lujo”, como el café, el tabaco, el aceite,… productos de uso y consumo normal hoy en día.
Ángel Martínez, natural de El Puerto
En este capítulo damos una pincelada cronológica del artesano. Empezando por sus abuelos, hasta llegar a su hijo.
| Juan Martínez |
(De El Puerto) |
| Juan García |
(De El Puerto) |
| Josefa Pardo |
(De Cádiz) |
| Milagros Ramírez |
(De El Puerto) |
| José Martínez Pardo |
(De El Puerto) |
| Milagros García Ramírez |
(De El Puerto) |
De este matrimonio nacen cuatro hijos, según se documentan en el Archivo de la Parroquia de Ntra. Sra. De los Milagros.
04/1/60 |
Manuel Martínez García, nace en la C/ Ganado, 24 |
28/3/63 |
Mª del Carmen Martínez García, nace en C/ Cruces, 79 |
28/5/65 |
Mª de los Milagros Martínez García, nace en C/ Cruces, 79 |
21/5/82 |
ANGEL MARTINEZ GARCÍA, nace en C/ Cruces, 60 |
Ángel Martínez: siendo el más pequeño de su familia, se lleva con el mayor veintidós años. Esto le permitió que su hermano Manuel fuese el padrino suyo de Bautismo, siendo su madrina María Góngora Pérez, por aquel tiempo todavía novia de éste. Manuel y María contraerían matrimonio el mismo año del nacimiento de Ángel Martínez, coincidiendo con la novena de la Virgen de los Milagros.
Ángel Martínez, se casó un 22 de Agosto de 1909 con María de los Milagros Gallardo Gallardo, persona muy importante en la vida del taller de este artesano, reflejándose en la mayoría de las fotos que han llegado a nuestros días. Fruto de este matrimonio nación “el niño”, José Luis Martínez Gallardo, en la C/ Misericordia, 29, en 1910; actuando como padrinos de bautizo de este niño los mismos que los de su padre, Manuel Martínez y María Góngora.
A tan solo dos años de edad, un 17 de Abril de 1912, fallecería en casa de los abuelos, C/ Cruces, 62 como consecuencia de una meningitis tuberculosa.
Esto marcaría extraordinariamente la vida familiar. En el taller que instaló en la C/ Postigo, presidía el salón una foto del “niño”, que quedaría colocada incluso después de fallecer Ángel Martínez, un 8 de Marzo de 1946.
Los restos de este artesano se encuentran en el cementerio de El Puerto de Santa María, junto con los de su mujer. El monumento funerario sería diseñado por él mismo, realizando el encargo a un marmolista sevillano, donde se plasma un ángel que deshoja unas flores sobre una lápida.
La obra de Ángel Martínez
La obra principal de Ángel Martínez está realizada en barro cocido, policromado con pinturas al agua y pigmentos de colores.
Los adelantos tecnológicos, los procesos informáticos y la utilización del plástico aún no habían llegado a este tiempo, lo que hacen del proceso de reproducción un trabajo arduo y muy laborioso. Todas las herramientas, preparación de las pinturas y el más mínimo proceso de fabricación de un artilugio era puramente artesanal, lo que hace que hoy en día sea imposible poder seguir en el mismo sistema de trabajo.
La importancia de la obra de Ángel Martínez sobrepasó las fronteras andaluzas, siendo famoso en su mayoría por la obra de 11 cm.de figuras costumbristas, aunque su trabajo es mucho más extenso, pasando no solo por el modelado sino por la pintura y la carpintería, por sus ascendencias ebanistas.
Dentro del trabajo de este artesano identificamos diferentes acabados que realizaba a sus piezas, lo que hace señalar claramente una natural evolución en su trayectoria. Al principio las figuras eran más toscas y la pintura más rudimentaria. La última etapa, con más lujo de detalles, llegaba a patinar las piezas con un barniz a modo de fijador.
Los sellos
En la evolución de su obra, distinguimos los sellos de impronta que marcaban las piezas. Al principio no existían sellos, lo que hace complicada la identificación de la obra primera. El primer sello que encontramos es la firma AM, normalmente en la parte visible de la pieza.
En esta etapa, las proporciones de las extremidades suelen ser un poco más grande de lo normal, y la pintura es muy rudimentaria, cuestión que hace que con la humedad de los belenes, pierda la coloración original. Las tonalidades son muy claras y el uso del palillo para modelar es muy evidente.
En sucesivas etapas, el sello se oculta por debajo de la pieza, con letras de imprentilla, marcando “Ángel Martínez Pto. Sta. María” o “Ángel Martínez Pto.Sta. María”. Posterior a esto con más números de líneas y separadas por un “*” aparece el texto “Ángel Martínez Pto.Sta. María Postigo nº 15”.
La cronología de los sellos la hemos identificado dependiendo del tipo de acabado de las distintas piezas, sin llegar a poder marcar el año exacto de utilización de cada sello.
La última etapa utilizaba un sello más pequeño, pero más completo, marcando la pieza por el lado visible, la pintura en color beige, hace que parezca una marca de cuero, donde se refleja “Ángel Martínez Postigo, 15 Puerto Santa María”. La obra más numerosa está marcada con este sello y la terminación de las piezas es muy perfecta.
Una vez fallecido Ángel Martínez, su sobrina Carmen Gutiérrez Gallardo, utiliza el sello en el haz de la pieza, al igual que la última etapa del artista, aumentando la leyenda “Sucesora de Ángel Martínez Pto Sta María Postigo, nº 15”
En la siguiente producción de figuras de este artesano, a partir de Octubre de 2000, se coloca el sello en el haz de las piezas con el texto: “Sucesores de Ángel Martínez Puerto Santa María”.
El taller
El taller del artesano estaba ubicado en su misma casa. A principio en la Calle Misericordia, 29 y en la etapa importante en la Calle Postigo, 15. El proceso de creación, producción y compra-venta se realizaba en el mismo lugar. Hoy en día este taller está instalado en la céntrica calle Larga, 34, de El Puerto de Santa María.
Compradores de muchos lugares de España se acercaban a El Puerto en vísperas de las fiestas navideñas para adquirir estas figuras.
El taller estaba dirigido por él mismo, que era quien creaba las piezas, los moldes, preparaba el barro y estaba pendiente a la cocción de las piezas. Ya luego “las niñas” realizaban el trabajo del apretón, modelado de las figuras y pintura de éstas.
El sistema de trabajo de este taller era el utilizado en ese tiempo. Maestro del taller y aprendices. Eran todas mujeres las que, a excepción del artista, trabajaban en el taller.
La cadena de producción estaba dividida por trabajos. Dependiendo de la habilidad de las operarias se dedicaban a unas piezas más sencillas o a otras más sofisticadas.
Acercándose las fechas fuertes de producción, el número de personas que trabajaban en el taller superaban las veinte. Cuando el tiempo era bueno y no había mucho trabajo, Ángel proponía salir del taller a echar el día en el campo, o en la playa, lo que servía de descanso y esparcimiento y al artista le servía para fotografiar diferentes lugares de El Puerto. Le apasionaba la fotografía, de ahí que existan afortunadamente muchas imágenes de sus trabajos.
El proceso de la arcilla
El barro de color gris, traído en carros y camiones desde Granada, con gran cantidad de impurezas, que se depositaba en una de las habitaciones cerca del zaguán de entrada de la casa.
Luego, tal y como iba haciendo falta se depositaba en unos recipientes o pilas que se cubrían de agua. Una vez amasado se dejaba decantar.
Una vez filtrado se vuelve a amasar hasta que perdiera la humedad necesaria para que estuviera en su punto óptimo de trabajo.
Una vez el barro filtrado y amasado, se procede a trasladarse a la mesa del taller para realizar la producción, cubriendo éste con un paño húmedo para que mantenga las cualidades de elasticidad.
Son varias las técnicas de reproducción de figuras de barro, pero por las características de las piezas de Ángel Martínez, donde no existe ninguna pieza completamente igual, se realiza la técnica del apretón, ya que una vez que sale del molde se debe modificar la pieza, debiéndose unir los diferentes elementos o extremidades, dándole forma y cambiarle la aptitud.
Con un poco de barro, en forma alargada, se pasa a apretarlo directamente en el molde que estaba realizado con un material poroso, la escayola, yeso e incluso cemento.
El material poroso de los moldes es debido a que se necesita que éste absorba la humedad del barro, perdiendo así un poco de volumen, lo que hace que se pueda desprender del molde.
Una vez sacado de éste, se le iguala por donde se ha unido y se procede a ir pegando con barro líquido las distintas piezas que conforman la figura, como cabeza, gorro, extremidades, complementos,…
En la mayoría de las piezas, sobre todo las de 11 cm., los brazos son hechos uno a uno.
La cocción
La cocción se realizaba en el mismo taller. Una vez terminadas las piezas de modelarlas, se dejaban en una habitación a que se fuera eliminando el agua. Una vez secas las piezas se iban colocando en el horno, donde una vez lleno y cerrado, se iban introduciendo hojarascas de distintas maderas para que así fueran alcanzando poco a poco la temperatura.
Debido al rudimentario control de temperatura que existía, y a los diferentes grados que se alcanzaban, dentro del mismo horno, algunas piezas estallaban y otras no llegaban a cocerse del todo.
Hoy en día con el avance de la tecnología, se controla muy bien la temperatura del horno, así como el tiempo de calentamiento. Esto hace que se pueda programar lo que se denomina la curva de cocción. Las primeras horas se emplean a ir calentando el horno muy lentamente para que las piezas vayan perdiendo todo el agua poco a poco y no se mal forman. A partir de unos 580º, el peligro de rotura es mínimo y la cocción se hace de manera regular, constante y rápida, hasta los 980º; temperatura con la que se cuecen la mayoría de las piezas de barro, que no van esmaltadas.
El alambre, ¿amigo o enemigo de la obra?
Continuando con el tema de la cocción, Ángel Martínez debía procurar llegar a cocer las piezas de manera homogénea dentro de una misma hornada, sin llegar a sobrepasar la temperatura, procurando darle mucho tiempo para conseguir no contraer la pieza y que así no se rompiera.
Fruto de la arcilla que utilizaba y del rudimentario proceso de cocción, hace que las piezas sean frágiles, por lo que es necesario sustentarlas con la ayuda de alambres.
Estos alambres de hierro se introducen a la hora de dar el apretón del barro sobre el molde.
El hierro al oxidarse con el tiempo se dilata. Este aumento de volumen produce una rotura en el barro que hace que parte de la pieza se resquebraje y se rompa.
Pero no podemos tratar el alambre como enemigo de las figuras de Ángel Martínez, ya que es necesario comentar que muchas de las piezas que han llegado a nuestros días han sido gracias a la utilización de este alambre, ya que se han aguantado sujetas por este elemento.
No es extraño ver figuras de pastores sin pies pero unidos a la placa por estos alambres, a modo de finos tobillos.
Los premios en su trayectoria
Durante la dilatada vida artística de Ángel Martínez, obtuvo merecidos premios, que hacen de este artesano un querido e ingenioso artista no solo en el ámbito más popular y populoso sino que también en las grandes muestras y exposiciones celebradas en el ámbito nacional.
Ejemplo de ello lo tenemos en el Gran Premio de la Exposición y Feria de Navidad celebrado en 1927, premio que recogió de manos del Rey Alfonso XIII, la primera medalla de la Exposición de la Obra Sindical de artesanía de 1943 y el Diploma de Honor en el Concurso Nacional de Figuras de Nacimientos de 1944.
Con motivo de la fundación de la Asociación de Belenistas Portuense, que lleva su nombre, en 1996 se hizo entrega a título póstumo, a Ángel Martínez García del Trofeo Federación Española de Belenistas.
El Belén en la época de Ángel Martínez
El belén, al ser un elemento decorativo con carácter provisional y estacional, necesita un espacio para poder instalar y almacenar todo lo necesario para su montaje.
Los belenes que se construían en tiempo de Ángel Martínez, eran de unas dimensiones enormes, donde se ocupaba una habitación entera de una casa. Teniendo en cuenta que las casas eran de unas dimensiones mayores que las de ahora, disponiendo éstas de desván, altillos o azoteas amplias.
Se utilizaban elementos y mobiliario que se servían para instalar el belén. Sobre sillas de madera con respaldo alto, se colocaban los tapaluces de las ventanas (durante las fechas de Navidad el sol no molesta). Las alcayatas de la pared se aprovechaban para hacer un entramada de cuerdas para colocar el lentisco, planta navideña por excelencia de nuestra zona.
Encima de la base, se colocan las cajas de las figuras, cajones y demás elementos para hacer las irregularidades del terreno, donde se tapaban con una tela consistente o sacos de café cosidos unos con otros.
Llega el momento de las montañas, con corteza de alcornoque y las grutas con la carboncilla del tren petrificada. El río: un espejo, y como final “los muñecos de Ángel Martínez”, unas piezas que cada familia le daba a cada una su nombre; que año tras año iban aumentando en número por la compra de alguna nueva, pero que también las más viejas iban perdiendo brazos y trozos por el camino.
Una vez colocadas todas las figuras se le espolvoreaba serrín para disimular los defectos.
Lo sobrante se guardaba debajo del belén y se tapaba hasta el suelo con una tela larga, utilizándose en la mayoría de los casos la colgadura que se colocaban en los balcones con motivo de algún acontecimiento.
Con el avance de los materiales, la introducción del plástico, el menor espacio disponible en las viviendas, van haciendo que los grandes nacimientos que se montaban en las casas hace cincuenta años estén en peligro de extinción.
Gracias a entidades privadas y públicas, hermandades, colectivos y asociaciones belenistas hacen que esta tradición no se pierda y que año tras año podamos llevar a nuestros hijos a contemplar los nacimientos.